miércoles, 21 de noviembre de 2012

Padre Marcelino Moya “Alpargatas Con Bigotes”


Alpargatas con bigotes,
bombachitas remendadas
y una voz dulce y sagrada
me llama a ser sacerdote.
Yo estaba entre los mogotes,
perdido entre los montes;
con sus pequeños aprontes
mi infantil vida pasaba;
y Tata Dios me llamaba
para grandes horizontes.
Fue muy pobre mi niñez
crecí en un rancho pobre
donde nunca abundó el cobre
pero sí la honradez.
Dueña de casa: “la escasez”
porque era visita a diario;
desde ese paisaje agrario
donde era muy dulce, digo,
con trece años cumplidos
Dios me llevó al seminario.
Con mis padres y mis hermanos,
mi niñez fue muy sufrida
y por eso bendecida
en los montes entrerrianos.
Dios siempre nos diò una mano
pues mis padres con nobleza
trabajaron con pureza,
siempre nos dieron socorro,
y hasta un cuerito de zorro
puso el padre en la mesa.
Así llegué al seminario
con dos muditas de ropa,
y una ilusión viento en popa
que alumbró mi vivir diario,
se hizo mi vida un rosario
por las cuentas del amor.
Dios me fue dando fervor
convertido en alegría,
pensando que un día sería
sacerdote del Señor.
Con trazos llenos de amor
Mami una carta me hacía,
y cuando la recibía
yo agradecía al Señor,
porque además del calor
que me traían sus besos,
me contaba de sus rezos
y mi padre ponía en el sobre,
algún billetito pobre
de dos o de cinco pesos.
“Tus hermanos andan bien
el Tequi anda por la escuela
la Lily está con la abuela,
y la Marita también
y vos sabés que recién
la nena empezó a caminar…
Jorge se fue a trabajar,
creo que anda sembrando;
el chiquito está ordeñando
y el nene lo fue a ayudar.
Muchas veces extrañé
de mi rancho me acordaba,
como en sueños regresaba…
algunas noches lloré.
Así mis ojos lavé,
entonces veía mejor,
y comprobaba el amor
que confirmaba mi certeza;
que a pesar de mi pobreza
me había elegido el Señor.
Y llegó al noventa y dos,
el jueves tres de diciembre,
pa’que en mi alma se siembre:
“Sos sacerdotes de Dios”,
Él me hizo su portavos
y es bueno que ahora anote
que por su amor tan grandote,
y a pesar de mis reveses
si vuelvo a nacer mil veces
yo quiero ser sacerdote.
Alpargatas con bigotes,
bombachitas remendadas
en mi alma están grabadas
¡y ahora soy sacerdote!
Él hizo de este cascote
un instrumento de calma
no soy feliz por las palmas
ni porque escuchen mi voz,
sino porque a Tata Dios
puedo meterlo en las almas.
La verdad soy tan feliz
porque Dios me ha llamado,
y a pesar de mi pecado
un día le dije: “Sí”.
Sentí su voz, lo seguí
y es bueno que ahora anote
que por su amor tan grandote
que me regala con creces,
si vuelvo a nacer mil veces
¡que Dios me haga sacerdote!