jueves, 6 de marzo de 2014

Carlos Ramon Fernandez "Amaneciendo"

Yo andaba levantao. De madrugada, salgo a prender mi pucho en el Lucero, mientras termina de encerrar la noche una ronda de gallos ferrugientos... Tapao por la ceniza del rocío, arde en el horizonte el trasfoguero... Hay un pirincho que madruga mucho pa hacer buches de luz en ese alero y cuando lo salpica a mi espinillo, tiene que ver lo que se ríe el ceibo! Allá sale al galope a'quella sierra: va remontando el sol... cimbra el sobeo en un temblar de pajaritos gauchos, con los picos recién pintaos de nuevo... y en los juncales del arroyo de oro, pone a secar sus medias el boyero... Yo era mozo y con novia, me faltaría un mes pa'l casamiento... Sobre el amanecer de mi relato, ha pasao poco olvido y mucho tiempo. Cebé un amargo y ya sentí en la puerta, como el balar de un corderito enfermo.. Abro y me topo con un niño e meses arrepollao en un reboso viejo. Y el inocente, pa que yo le abriera, usaba sus sollozos de cencerro. Dios sabe que miseria me tendía, como una mano, a ese mamón ajeno... Lo alcé como quien alza un crucifijo: temblando por dentro. Lo besé en la mollera, que tenía una pelusa de patito negro, y él dejó de llorar; se jué secando con el calor emplumao de mi pecho. El sol se le arrimó como a olfatiarlo... El horno abrió tamaña boca al verlo. Pa que el niño riyera, mi lobuno hizo de la coscoja un sonajero... Entonces yo, tocao, les dije a todos: -"Aquí se los presento, va'a ser un hijo mío, un hijo gaucho, una semilla que llegó en el viento. Bendita sea la noche que lo puso, desnudito de amor, bajo mi alero!... Y ya le dejé el nene a una vecina. Le cerré pinchos al lobuno viejo, hice sonar la lonja de la senda, estaquiada con cardos en el suelo, y lo rayé en el patio de mi novia... Y ella, la moza que entuavía quiero, la que siempre me puso unto de luna sobre las quemaduras del cabresto, la que se hacía cruz en la tranquera y pájaro de adios en el pañuelo... no tuvo corazón pa un niño gaucho, le negó l'agua del socorro y techo; porque iban a decir cuatro vecinas que ese gurí era nuestro, que ella lo tuvo sin permiso'el pago, antes del casamiento... Me pidió que lo diese! No era un cuzco; era un botón con una rosa adentro! Dios no lo puso a ese pichón de tordo en el nido de un cuervo; sino en el rancho querendón de un criollo, que se santigua con los cuatro vientos... Y yo no estoy pa que me tiemble el pucho cuando lo viá encender en el Lucero! Me dió a elegir: "o el inocente o ella". Me apuntó los ojazos contra el pecho. Yo estaba enamorao hasta las ráices; ya agarrando e la oreja el casamiento! Ella me pudo dar un hijo propio... y el otro era un pedazo e carne ajeno! Y no aflojé: - Con el gurí - le dije - desnudito de amor, con él me quedo! Yamandú Rodríguez